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miércoles, 5 de agosto de 2009

España: Muchos presos para tan pocos delitos



Fuente: El País
PERE RÍOS 05/08/2009

España tiene la tasa de encarcelamiento más alta de Europa y una de las más bajas de criminalidad - Crecen las voces que abogan por suavizar el Código Penal y favorecer la redención de las penas

El extendido tópico de que en España los presos entran por una puerta y salen por otra ni es cierto ni se sustenta en ninguna cifra oficial. Es el país de la UE con la tasa de encarcelamiento más alta y, por el contrario, de los que tienen menor índice de criminalidad: 20 puntos por debajo de la media.

El extendido tópico de que en España los presos entran por una puerta y salen por otra ni es cierto ni se sustenta en ninguna cifra oficial. Es el país de la UE con la tasa de encarcelamiento más alta y, por el contrario, de los que tienen menor índice de criminalidad: 20 puntos por debajo de la media.

Varias razones explican esta paradoja: la dureza de las penas para los delitos habituales -robo y tráfico de drogas-; el continuo endurecimiento del Código Penal y la incorporación de nuevos delitos; la imposibilidad de redimir condena y la cicatería del Estado para conceder la libertad condicional.

"Las prisiones españolas están llenas de pobres, enfermos y drogadictos. Suman más del 70%. La cárcel se está convirtiendo en el único recurso asistencial y esa no es su función". Mercedes Gallizo, secretaria general de Instituciones Penitenciarias lleva años recordando la función resocializadora que debería tener la cárcel, pero admite que ese principio constitucional está cada día más lejano.

El Código Penal de 1995 originó un aumento de la población penitenciaria que llena a un ritmo acelerado las nuevas cárceles. Hace tres años había 63.800 presos. Ahora son 76.485. La tasa de encarcelamiento se sitúa en España en 166 reclusos por 100.000 habitantes, por delante de Gran Bretaña (153) -que siempre había encabezado la lista- Portugal (104), Francia (96) e Italia (92). Sin embargo, la tasa de criminalidad (infracciones penales por cada mil habitantes), es una de las más bajas de los Quince. La relación del año 2008 la encabeza Suecia (120,4), seguida de Reino Unido (101,6). En España es de 47,6, por delante solo de Grecia (41,2), Portugal (37,2) e Irlanda (25,2).

"Hace ya muchos años que se constata que la tasa de encarcelamiento no guarda relación con la criminalidad, sino con la política penal. Lo que ocurre en España no es que los jueces metan a más gente en la cárcel, sino que pasan mucho tiempo", dice José Luis Díez Ripollés, catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Málaga y director del Instituto Andaluz de Criminología.

El delito principal que han cometido más del 40% de los penados (22.416 reclusos) fue contra el patrimonio y el orden socioeconómico, según los define el Código Penal. En lenguaje más inteligible: robos, tirones y atracos.

"Depende de cómo sea el tirón se puede castigar hasta con cinco años. ¿Debe ir a la cárcel esa persona si ha delinquido por primera vez?", se pregunta Eduardo Navarro, magistrado de la Sección Sexta de la Audiencia de Barcelona, con 20 años de experiencia, 17 de ellos en juzgados de instrucción. "La sociedad no entiende que no sea así. Los incidentes que he tenido como juez han sido por no enviar a alguien a la cárcel", afirma.

Díez Ripollés ratifica que algunas penas son desproporcionadas. "No es razonable que un delito urbanístico se castigue con un máximo de dos años de cárcel, lo mismo que un hurto agravado, porque al final siempre acaban en la cárcel los mismos". Es el inicio de una tela de araña en la que queda atrapado el preso y que él ayuda a tejer en muchas ocasiones, pues los índices de reincidencia se sitúan entre el 40% y el 70%.

El perfil del recluso español apenas ha variado con los años. Es un hombre, de 30 a 40 años y condenado por robo o tráfico de drogas. Las reclusas suponen el 8% del total de la población. La mayoría están condenadas por tráfico de drogas (48,4%).

El llamado Código Penal de la democracia de 1995 que impulsó el ex ministro de Justicia Juan Alberto Belloch eliminó la redención de pena por trabajo o estudio y estableció el cumplimiento íntegro. Eso significa que la mayoría de las condenas se pagan "a pulso", en lenguaje carcelario, y que se aplica en muy pocas ocasiones la secuencia lógica en la vida penitenciaria: prisión preventiva, segundo grado, permisos, tercer grado, libertad condicional y libertad definitiva.

Siete de cada diez penados están en segundo grado, y así pasan la mayor parte de su estancia entre rejas, sin lograr permisos. Solo el 15,1% cumple condena en régimen abierto, y los que logran la libertad condicional suponen el 11%. "Es totalmente innecesario estar tanto tiempo en la cárcel. El cumplimiento íntegro no es bueno desde ningún punto de vista porque aumenta la reincidencia", sostiene José Cid, profesor de Derecho Penal de la Universidad de Barcelona, que ha analizado el fenómeno en el libro El incremento de la población reclusa en España entre 1996 y 2006.

El abogado madrileño José Luis Galán lleva en la profesión más de 35 años y sigue en el turno de oficio. Tiene claro que la situación se hace cada más vez insostenible y que urge un cambio legislativo en sentido contrario al incremento punitivo de los últimos años. "Lo que no se puede hacer es buscar el aplauso fácil. No siempre se legisla para sacar votos, porque, si no, no habría impuestos. Hay que cambiar las normas que se aplican para que la cárcel sea el último recurso, no el primero y único", asegura. A renglón seguido reprocha al PSOE la aplicación de una política punitiva que, de manera sustancial, coincide con la del PP. "La izquierda se ha abonado a la chita callando a esa política represora. Cuando no se ha puesto al frente de la procesión, ha ido detrás con el capirote y gran mansedumbre".

Galán también cuestiona que algunas conductas estén tipificadas como delito. "Diga lo que diga el Tribunal Constitucional, es disparatado que las amenazas del marido a la esposa sean delito. Y con la última reforma sobre seguridad del tráfico se han pasado". Ahora hay en España 3.721 presos penados cuyo delito principal es de violencia doméstica, desde un asesinato -una minoría-, a lesiones o amenazas. También hay 816 reclusos por delitos al frente del volante.

"La delincuencia patrimonial de escasa importancia no es razonable que se castigue con penas que comportan la entrada en prisión", dice Díez Ripollés. Con tres matices: que sean delitos graves, que los cometan reincidentes o altos sectores de la sociedad. "A esos solo se los puede intimidar con la cárcel", afirma el jurista. Y es que los delincuentes de cuello blanco que acaban entre rejas son una excepción. Casi nadie discute el efecto ejemplarizante que eso causa en la sociedad, aunque tarden en entrar porque pagan mejores abogados y agotan todos los recursos, muchas veces con el beneplácito de los tribunales.

"El Código Penal es duro con el débil y débil con el duro", asegura Díez Ripollés. "Los tribunales tienden a ser más comprensivos con determinados delitos porque la ley es interpretable", opina la abogada barcelonesa Lidia Lajara, con 16 años de experiencia como penalista. "Hay muchos tipos de jueces y sería injusto no reconocer que muchos creen en la rehabilitación y apuestan por ella", dice José Cid. Lo que ocurre es que las administraciones no les ofrecen la posibilidad de imponer medidas alternativas. "Hay que decir que los jueces de Cataluña somos unos afortunados y que sí podemos imponer penas al margen de la cárcel de las que en otras comunidades no han oído ni hablar", dice el juez Navarro.

"Otra política criminal es posible", afirma el catedrático Díez Ripollés, y las penas alternativas para delitos menores son un ejemplo. Ayudarían a descongestionar las prisiones y reducirían el gasto público. Una medida así cuesta 3,05 euros diarios, y el coste de un preso es de 78,29 euros al día, según un estudio de la Generalitat catalana, la única comunidad con competencias en prisiones.

"No se puede dejar de castigar al delincuente, pero sin tanta dureza y aplicando las políticas que ya han dado resultados en otros países", dice Díez Ripollés. Como en Finlandia, recuerda, que a principio de los ochenta tenía una de las tasas de encarcelamiento más altas de Europa y ahora está a la cola.

La droga y 'los BBC'
Un grupo de presos que cumplía condena en Madrid por tráfico de drogas fue conocido durante muchos años como los BBC: procedían de Bogotá, habían aterrizado en Barajas y acabaron en la cárcel de Carabanchel. En las prisiones españolas hay ahora 15.868 penados con el vigente Código Penal por delitos contra la salud pública, que representan el 27,8% del total. Quedan otros 200 con el código derogado hace 13 años, lo que da idea de la dureza de las penas por esos delitos.

"No puede ser que se condene igual a quien se le pilla con 800 gramos de cocaína que al que se le coge con varios kilos. Y, además, éste saldrá antes porque tiene mejores abogados", advierte el juez Eduardo Navarro. "Por esos 800 gramos de cocaína le pueden caer de 9 a 13 años y medio, seguramente más que por un homicidio, que se castiga de 10 a 15 años".

Mercedes Gallizo también constata que "el pequeño traficante casi siempre acaba cumpliendo una pena muy alta". ¿Debería cambiarse el Código Penal? "No me gusta pronunciarme sobre eso. Es el legislador el que debe analizarlo. Lo que hay que tener claro es que la droga lleva a la cárcel y que las penas son muy altas", dice. "Cuando impones una pena así, duele, porque ves que ese mulero se ha jugado una condena muy alta por 3.000 euros, pero la ley dice lo que dice", añade Navarro. "Con el tráfico de drogas existe muy poca consideración de los jueces. Y no solo para condenar, sino para que se aplique un atenuante de drogadicción", razona la abogada Lidia Lajara. "No se tienen en cuenta las circunstancias personales y sociales del que llega con una bola en el estómago jugándose la vida. Es verdad que la ley no permite considerarlo como estado de necesidad, pero tampoco se puede ser ajeno a los motivos que lo han llevado a delinquir", añade.

Hay otros casos. "Está muy bien que cerremos los psiquiátricos, pero no los hemos sustituido por nada", dice Gallizo. Y eso que el 25% de la población reclusa padece algún tipo de trastorno mental.

Y después están los extranjeros, que son el 37% de los presos. Como no tienen domicilio conocido es más fácil que acaben en prisión preventiva y más difícil que logren un permiso. Muchos son expulsados cuando salen de la cárcel y por haber delinquido una sola vez.

lunes, 27 de julio de 2009

NICARAGUA: 90 enfermos mentales están en las prisiones

El Nuevo Diario

NO CUENTAN CON ATENCIÓN PROFESIONAL, ASEGURA PROCURADORA DE CÁRCELES


* La mayor parte presenta esa condición por el consumo de drogas, igual que los jóvenes del Hospital Siquiátrico de Managua * Los siete mil internos comparten galerones con discapacitados, y tener sólo a uno de ellos en una galería común distorsiona todo, dijo María Auxiliadora Urbina * También denuncia que el régimen de convivencia familiar ha servido para que los beneficiarios vuelvan a delinquir con “técnicas refinadas”

Tania Sirias
END - 21:06 - 25/07/2009

La salud mental es un derecho humano que sigue pendiente en los penales del país, declaró la procuradora de Cárceles, María Auxiliadora Urbina, pues los 90 pacientes mentales que se encuentran recluidos, conviven en las celdas con el resto de privados de libertad.

Urbina demandó la presencia de un siquiatra en los sistemas penitenciarios, pues el discapacitado metal también debe ser atendido por un especialista.

“Cada penitenciaría cuenta con un sicólogo y un médico para atender los problemas de gastritis, o cualquier otra enfermedad, pero también es necesario un experto en siquiatría”, dijo la funcionaria.

Además, comentó que la mayoría de enfermos mentales se encuentra en esta condición debido al consumo de sustancias tóxicas. Al igual que en el Hospital Siquiátrico, en los penales la mayor parte de jóvenes diagnosticados con discapacidad mental se relacionan con el consumo de drogas.
Presos conviven con enfermos
La funcionaria reconoció que la crisis económica está afectando al sistema penitenciario, ya que existe un hacinamiento en las celdas, y los enfermos mentales conviven con el resto de presidiarios.

“Los siete mil internos comparten galerones con los 90 discapacitados mentales, y tener un enfermo mental en una galería común distorsiona todo”, expresó la Procuradora de Cárceles.

“Nuestra demanda es que a los privados se les brinde una atención en salud mental. Recordemos que no es fácil estar recluido, y éstos son enfermos mentales crónicos. Por el momento no contamos con siquiatras en los penales y para poder atenderlos son referidos al Hospital Siquiátrico”, reiteró Urbina.

Además, dijo que el Hospital Siquiátrico está impartiendo cursos de actualización médica a los galenos del penal, y que también se está hablando de la creación de un pabellón especial, y de un espacio propio para poder atender a este tipo de paciente, pero son proyectos futuros.
Posgrado a funcionarios del penal
Estas declaraciones las brindó la procuradora de Cárceles, María Auxiliadora Urbina, durante la inauguración del posgrado en “Ciencias Penitenciarias y Derechos Humanos” dirigido a funcionarios del Sistema Penitenciario Nacional.

En este posgrado están participando 57 funcionarios de todos los penales del país, dijo Urbina, con el objetivo de fortalecer el relevo generacional, pues la mayoría tiene de 28 a 30 años de laborar en el sistema.

“Se deben mejorar las condiciones del privado de libertad, y eso pasa por educar al funcionario”, afirmó Urbina. Además, lamentó que muchos de los privados de libertad cuando cumplen con sus condenas o salen bajo el régimen de convivencia familiar, vuelvan a delinquir y regresan a los penales.

“Esto se debe a que no se les brinda una educación y no se les prepara para una reinserción social y laboral”, señaló la Procuradora.

Agregó que “muchas veces lo penales se convierten en escuelas para refinar las actividades delictivas. Si no le damos herramientas al individuo para que se vaya con una mejor condición, va a regresar. Igual pasa si es un enfermo mental, va a regresar. Nicaragua es un país enfermo, empobrecido que necesita educación y oportunidades”.

domingo, 24 de mayo de 2009

Salud mental en centros penales de Costa Rica

A continuación una serie de artículos de prensa publicados en LA NACIÓN de Costa Rica durante el mes de marzo de 2009.


CCSS TIENE UN AÑO PARA ACATAR MANDATO

Sala IV ordena crear hospital para detenidos con problemas mentales

Plan pretende separar a enfermos infractores de la ley de otros pacientes

Ministerio de Justicia aplaude resolución, mientras CCSS guarda silencio

Los magistrados de la Sala Constitucional ordenaron ayer a la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) construir y poner en funcionamiento, en un plazo de un año, un centro de tratamiento psiquiátrico para personas inimputables.

Se trata de pacientes con medida cautelar o de seguridad por el sistema penal; es decir, personas que infringieron la ley, pero que los juzgados consideraron que no tenían la capacidad mental para cometer el delito con plena voluntad.

A estos individuos, como parte de las “medidas curativas de internamiento”, en lugar de recluirlos en un centro penitenciario, los internan ahora en el Hospital Nacional Psiquiátrico, junto con el resto de enfermos que allí residen.

La decisión del alto tribunal tiene como fin separar a los pacientes internados por orden judicial de los internados por criterio médico, para evitar que los primeros abusen de los segundos.

En ese centro médico hay al menos uno 70 pacientes con medidas de seguridad.

Un reportaje publicado por La Nación el pasado 1.° de marzo reveló como los enfermos mentales sufren abusos sexuales, extorsiones y constantes agresiones de quienes tienen medidas cautelares.

El recurso de amparo lo presentó la madre de un paciente del Hospital Psiquiátrico.

Razones. La Sala fundamentó su fallo en los derechos contenidos en los “Principios para la protección de los enfermos mentales y el mejoramiento de la atención de la saludo mental” (Naciones Unidas, 1991) y “la Declaración de los Derechos Humanos y de Salud Mental”.

Además tomaron en cuenta testimonios de personas vinculadas con el Hospital Psiquiátrico.

Por ejemplo, la directora de Enfermería, Betty Oviedo, dijo: “Es violatorio de los derechos humanos de las personas con trastornos mentales que están internados en el Hospital Psiquiátrico, tener que compartir los espacios del internamiento con usuarios internados por orden judicial que cumplen criterios de peligrosidad y que mantienen conductas delictivas”.

Este diario intentó obtener una reacción de la Dirección Médica de la CCSS, pero la oficina de prensa de la institución circuló un correo externando la negativa a dar declaraciones: “Las autoridades de la CCSS no se van a referir al tema, hasta no ser notificados y conocer a fondo la resolución”.

Justicia. Los magistrados, además, ordenaron a la ministra de Justicia, Viviana Martín, crear –también en un plazo de un año– una policía penitenciaria que se encargue de la custodia y contención de los internos con medidas cautelares.

Martín aplaudió la resolución del Tribunal. “Por motivos de seguridad no puede estar jamás mezclada la población del Hospital Psiquiátrico”, detalló.

La jerarca añadió que es “razonable” que la policía que se encargue de los pacientes con medidas de seguridad sea la penitenciaria, pues, según dijo, esta debe tener una sensibilidad especial.

Ambos recurridos, CCSS y Justicia, tendrán que informar periódicamente a la Sala sobre las medidas adoptadas para cumplir con lo resuelto en la sentencia.

Mientras entra en operación el nuevo centro, la Sala ordenó a la CCSS separar a los dos grupos de enfermos mentales en un “plazo razonable”.

Entre los miles de archivos de la Asamblea Legislativa se encuentra una propuesta de ley para crear un hospital psiquiátrico penitenciario.

Si se aprobara ese proyecto, por ley quedaría creada la institución que velaría porque las personas condenadas o indiciadas que tengan problemas mentales cuenten con un lugar donde ser tratadas y cumplir con sus condenas o llevar sus procesos.

De aprobarse el proyecto de ley, tanto la Caja como el Ministerio de Justicia estarían al frente de la obra.

Pero, por ahora, esa propuesta, presentada hace más de dos años, sigue en el papel.

En primeras. El expediente 16.269 duerme en el letargo legislativo a la espera de que el Poder Ejecutivo lo convoque en sesiones extraordinarias, o bien que los diputados lo discutan en sesiones ordinarias para acelerar su trámite.

La iniciativa ya cuenta con un requisito: el informe de la subcomisión de Derechos Humanos del Congreso, y está a la espera de recibir dictamen de comisión.

De ahí debe pasar , ya sea a un miniplenario (compuesto por 19 diputados) o al plenario, compuesto por los 57 diputados.

“Ya lo hubiéramos aprobado si el Ejecutivo lo hubiera convocado, pero no es así”, se quejó la diputada Ana Helena Chacón (PUSC), quien junto con Alexánder Mora (PLN) impulsan el plan.

Incluso, en la reciente reforma a la Junta de Protección Social (JPS) quedó separada una partida para financiar esta institución, dijo Chacón.

El viceministro de la Presidencia, Roberto Thompson, aseguró que estudiará el proyecto la próxima semana.

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AUTORIDADES MÉDICAS ALARMADAS POR DIVERSIDAD DE FECHORÍAS

Reos violan, roban y venden drogas en Hospital Psiquiátrico

 Aprovechan su experiencia en las cárceles para controlar a pacientes

 Reclusos también cobran fuertes sumas de dinero por dar “protección”


NICOLÁS AGUILAR R. | naguilar@nacion.com

Un paciente de 19 años con retardo mental no dudó en señalar a quien lo sometía a abusos sexuales en el Hospital Nacional Psiquiátrico, en Pavas, San José.

El personal médico ni siquiera se sorprendió al escucharlo.

El victimario era uno de los 70 reos enviados allí por tribunales y juzgados como parte de “medidas curativas de internamiento”.

Muchos de esos internos, denuncian las autoridades, también roban, asaltan y almacenan o venden drogas en el hospital.

Se trata de personas acusadas o ya condenadas por incendio, violaciones, robos agravados, lesiones graves y asesinatos.

Cuando cometieron esos delitos sufrían algún tipo de demencia, según despachos judiciales.

Algunos se recuperan tras varias semanas de internamiento y entonces aprovechan “habilidades” aprendidas en prisión para “apoderarse y controlar totalmente el Hospital”.

“Es un asunto muy grave y, lamentablemente, es poco lo que podemos hacer”, reconoció Alvaro Hernández, jefe de Servicios Médicos del Psiquiátrico.

Estos pacientes, algunos ya sentenciados a largas penas, otros a la espera de juicio, también amenazan de muerte al personal médico y administrativo.

“Tenemos empleados incapacitados por fracturas de nariz y otras lesiones”, añadió.

Tampoco respetan a los policías que envían para custodiar a quienes tienen juicios pendientes. Hace pocos días casi violan, entre varios, a una mujer policía, informó Randal Picado, subdirector de la Fuerza Pública.

Además, por las condiciones del Psiquiátrico, algunos de los oficiales destacados durante algún tiempo allí terminan sufriendo trastornos mentales y deben luego ser incapacitados para recibir tratamiento especializado.

Venden “protección”. Algunos reos cobran dinero por “servicios de protección”, al mejor estilo de las cárceles nacionales.

En los pasillos, rodeados de jardines, caminan lentamente los internos; algunos hablan solos y van repitiendo incoherencias. Otros miran asombrados al cielo, a un lado, al piso y, de pronto, explotan en carcajadas.

Estas son las víctimas preferidas de la población sometida a medidas judiciales de internamiento. “Todos los días tenemos quejas de familiares por esos cobros. Hay que explicarles qué pasa, pero realmente esto se nos sale de control”, se lamentó Hernández.

Además, cada año, según informes oficiales, entre cinco y siete pacientes son víctimas de violación. “Son situaciones muy dolorosas. Cómo le explico yo al familiar de un paciente que fue violado por una persona que está con una medida judicial, que no pudimos evitarlo y al final es culpa nuestra”, dijo el funcionario.

.Algunos reos permanecen en el Psiquiátrico 15, 20 o más años sin que las autoridades judiciales ordenen su liberación o envío a una cárcel, que —considera Hernández— “es lo que a veces procede”.

Las medidas curativas dictadas por jueces son de acatamiento obligatorio y el reo debe seguir hospitalizado por tiempo indefinido.

Para Abel Jiménez, presidente de la Asociación Costarricense de Jueces (Acojud), se necesita mejorar los canales de comunicación entre el Psiquiátrico y los juzgados de ejecución de la pena, donde resuelven el destino de esos pacientes. “Podemos dialogar sobre casos concretos y hacer propuestas concretas a la Corte”.

Algunos internos se escapan a menudo para “irse de fiesta” pero regresan tiempo después. Otros huyen y nunca regresan.

“Hay 100 fugas al año”, indicó el jefe de servicios Médicos

Solo los reos con juicios pendientes son custodiados por policías, lo cual representa otro serio problema. “Hace poco un policía se durmió y le robaron la pistola. Tuvimos que cerrar un pabellón y coordinar la búsqueda del arma. Gracias a Dios apareció en un basurero”, rememoró el funcionario.

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 El enajenado mental no puede ir a prisión

NICOLÁS AGUILAR R. | naguilar@nacion.com

El 26 de marzo del 2006, un hombre de apellido Delgado mató a machetazos a su mamá en Puna de Biolley, en el cantón de Buenos Aires, Puntarenas.

El responsable no intentó escapar, tampoco parecía nervioso cuando lo detuvieron.

Pese a la gravedad del delito, Delgado no fue enviado a prisión pues en el momento del crimen sufría una “grave perturbación mental” y no podía comprender el carácter ilícito de sus actos.

Está internado en el Hospital Nacional Psiquiátrico, en Pavas, San José, donde permanecerá “por muchos años”.

De acuerdo con el Código Penal, ese tipo de personas son “inimputables”, es decir, no pueden ser sentenciadas pero, a cambio, un tribunal dicta contra ellas “medidas de seguridad curativas” por tiempo indefinido, dependiendo del delito.

El Psiquiátrico debe recibirlos y darles tratamiento inmediato.

Otras personas incurren en delitos cegados por consumo excesivo de drogas o bebidas alcohólicas y, en esos casos, tampoco pueden ser condenados a prisión.

El problema que enfrenta el personal médico a cargo es que estos pacientes, casi siempre, causan serios problemas dentro del sistema hospitalario. Se delega la custodia del sentenciado al Psiquiátrico, pero no se le toma su criterio para la imposición de la medida curativa ni el levantamiento de la pena. “Es un absurdo mantener a una persona muchos años internada cuando la atención máxima recomendada es de un mes”, indicó Álvaro Hernández, jefe de Servicios Médicos .

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‘Chepe’ robaba de todo para irse de fiesta

NICOLÁS AGUILAR R. | naguilar@nacion.com

Este paciente, conocido como Chepe , condenado a medidas curativas por un intento de homicidio, fue por mucho tiempo el peor dolor de cabeza del Hospital Nacional Psiquiátrico.

Al no contar con custodia policial podía desplazarse libremente por el pabellón donde estaba recluido y hacer de las suyas.

Empezó robando pequeñas cosas —monedas que dejaban mal puestas—; después, de todo.

Así lo cuenta el jefe de Servicios Médicos del Psiquiátrico, Álvaro Hernández, quien recuerda al paciente como una persona problemática, incontrolable.

Chepe conocía el Hospital perfectamente y escapaba cada vez que deseaba “enfiestarse”.

“Este tipo de personas saben que tenemos que recibirlos, es una orden judicial, y entonces se escapan y regresan cuando quieren. Son un problema”, añadió.

Otros se la ingenian para introducir drogas al Psiquiátrico y controlar su comercialización.

Chepe también protagonizó peleas con otros internos y fue investigado por diversas fechorías.

Sus correrías acabaron en diciembre anterior cuando, durante una de sus fugas, lo detuvieron tras protagonizar un escándalo en un bar de la ciudad de Puntarenas. Lo encerraron en una celda de la Fuerza Pública y se ahorcó .

Violador en serie. Otro caso que provocó serios trastornos en el Psiquiátrico fue el de un vecino de la zona sur del país, internado por cometer violaciones en serie.

Un tribunal lo declaró inimputable y ordenó medidas curativas por largo tiempo.

Pasó 15 años recluido y abusó de al menos 10 internos. Aunque las autoridades médicas intentaron muchas veces “darlo de alta” para que regresara a su comunidad, el juzgado a cargo del caso no lo autorizaba. Fue el terror de pacientes y del personal hospitalario, especialmente de las doctoras más jóvenes. Finalmente, ordenaron su liberación y no ha vuelto a dar problemas.

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EN POCAS PALABRAS

ÁLVARO HERNÁNDEZ - JEFE DE SERVICIOS MÉDICOS DEL PSIQUIÁTRICO

‘Una población complicada’

¿Qué situación enfrentan con los presidiarios enviados por orden judicial al Hospital Nacional Psiquiátrico?

La mayoría no está por delitos que tengan que ver con su enfermedad de fondo. Son conductas delictivas habituales. De esta manera, estamos acumulando a una población muy complicada. Son personas con farmacodependencias, antecedentes de violencia múltiples, delitos contra la vida, robos agravados y mantienen esas conductas dentro del sistema hospitalario”.

¿Pero qué tipo de problemas provocan, qué hacen?

Se da de todo. Hay violaciones, tanto de mujeres como de hombres. A diario se registran también robos y hasta tráfico y consumo de drogas. Esto no es una cárcel, es un hospital especializado, deben entenderlo.

¿Puede darme un ejemplo concreto, el caso de un reo común internado recientemente?

Claro. Esta semana recibimos a un chico de 17 años, vive en unión libre, tiene dos hijos y lo vinculan con 50 delitos, entre ellos violaciones y robos. También resistencia a la autoridad, hurtos y lo mandan por seis meses para que nosotros lo tengamos en una unidad de niños con trastornos psiquiátricos, cuando esa persona lo que tiene es una conducta delictiva establecida...”

¿Cómo reaccionan los familiares de los pacientes regulares del hospital?

Es tremendo. Recibimos muchas quejas. No entienden por qué sus familiares deben convivir con pacientes que tienen medidas judiciales. Nos obligan a mantener internadas a personas que no tienen ninguna razón médica para estarlo.

¿Qué soluciones han planteado. Qué hacer entonces con los presidiarios que necesitan tratamiento psiquiátrico?

Trabajamos en un proyecto de ley en la Asamblea Legislativa para crear un centro especializado, adscrito al Ministerio de Justicia. El presupuesto saldría de la Junta de Protección Social y el personal de la Caja Costarricense del Seguro Social. Esa es la solución, un sitio exclusivo para ese tipo de población.

¿Y cuándo concretarán ese proyecto?

Esperamos que pronto, al menos ya tiene el financiamiento.